martes, 5 de noviembre de 2013

Uno de policías

Entraba yo en la casa de un amigo cuyo padre era policía y lo encontré (a su padre), en la sala, levantándose sobre sus manos y pies, es decir, haciendo flexiones y casi a punto de desfallecer, diciendo en una visible falta de oxígeno por el esfuerzo: "dos...cien...tas". Me quedé atento mirándolo y pensando, que un hombre de su edad, con esa fortaleza era impresionante. Bajó nuevamente y con un rostro aún peor de crispado y casi sin aliento dijo: "tres...cien...tas".

Eso me bastó para guardarme mis juicios de valor hasta no haber visto el tiempo suficiente.

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