Andaba por ahí comiendo un helado con Diana A. que me comunicaba un chisme. Por el mismo momento un anciano recibió un llamado al celular, celular que le pasaba el nieto o un hijo. El señor tomó el teléfono se lo puso en la oreja y comentó: Eh pero te oís patentico, como si te tuviera detrás de la oreja.
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