Milena podía reconocerse a la distancia, pues su cuerpo era prominente, no es que yo haga la comparación, pero decirlo de esta manera me suena tosco, ella era agraciada y tenía una cadera prominente. Un día en Santa Helena, estaba mi amigo el Sayo, que se reconocía por su enorme nariz agulieña. En un momento se despertó Milena, quien había tenido que compartir piso sobre una plancha de madera con Alejo y muy seria comentó: "Me amaneció doliendo la nalga". Yo vi la intención de Diego Sayo, pero no por burlarme de él, sino para que no tuviera que decir nada pues en la noche habían tenido un roce, es decir, no por burlarme de su nariz sino para hacer "ochas" dije: "Uy qué dolor, eso es el equivalente de que a Diego le duela la nariz."
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