Estaba la pobre Luz Adriana en una prenda impresionante y tenaz, pero un poco aburrida porque nadie le prestaba atención mientras escuchábamos música; aburrida le dijo a Alejo que por favor le prestara los audífonos para ella escuchar un poco de salsa. Alejo aceptó y Luchi se puso el audífono y se hundió en el mundo de la música. Al rato de estar allí "desconectada" empezó a mover la perilla del volumen y del dial sucesivamente y se volvió hacía el Renegrido para decirle: "Ay negro, se dañó este verraco radio y ahora me va a tocar pagárselo a Alejo. El Negro no respondió, tomó el audífono que llevaba diez minutos en el suelo y lo colocó nuevamente en la oreja de Luchi.
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